FIDEL CASTRO, MACHADO, BATISTA y otras desgracias de CUBA y VENEZUELA

La historia de Cuba y Venezuela, curiosamente, comenzó a entrelazarse a partir de agosto de 1933, mes y año en que es depuesto del poder el General Gerardo Machado y Morales, quien llegó a la presidencia de Cuba, en elecciones transparentes, el 20 de mayo de 1925. Tuvo un gobierno ejemplar sacando a la joven república de la depresión mundial, sin embargo, al finalizar su primer período en 1929, el gusanillo del poder le carcomió el cerebro y se convirtió en lo que podríamos llamar: el primer dictador que tuvo Cuba.

Con mano férrea y despótica gobernó hasta el 24 de agosto de 1933. Su derrocamiento se conoce en Cuba con el nombre de “El Machadato”.

El pueblo, enardecido, tomó las calles de la isla y se dio al saqueo, a la destrucción y a la barbarie. Muchos afectos, cómplices y colaboradores del General Machado fueron apresados, fusilados. Algunos atados a vehículos y arrastrados hasta morir por las empedradas carreteras de pueblos y ciudades.

De ahí surgió, fortuitamente, la figura de un insignificante sargento, no-combatiente, nacido en la entonces provincia de Oriente en enero de 1901. Bautizado con el nombre de Rubén Zaldívar, un hijo natural que vio luz en un paupérrimo hogar de los estratos sociales más marginales de la república que estaba por nacer un año y cinco meses más tarde: el 20 de mayo de 1902.

Para cuando Rubén Zaldívar se dio a conocer en Cuba tras “El Machadato”, ya se llamaba Fulgencio Batista y Zaldívar. Por su afición a las rancheras mexicanas aspiraba a ser cónsul de Cuba en México, pero terminó siendo presidente, con el grado de coronel, a partir del 20 de mayo de 1940 hasta 1944.

Ya general, para desgracia de Cuba y Venezuela, el 10 de marzo de 1952 llevó a cabo un incruento e innecesario golpe de estado que terminó siendo el caldo de cultivo para lo que vendría después.

Batista justificó su golpe alegando que conocía de una conspiración comunista. Lo cierto era que, como candidato en las elecciones presidenciales que debían ser realizadas meses más tarde: las encuestas no le favorecían.

Batista se convirtió en el génesis político de Fidel Castro, quien terminó acaparando los esfuerzos de varios movimientos revolucionarios nacionalistas que intentaban liberar a Cuba de la dictadura, a pesar de que en ella hubo un importante crecimiento económico que llevó al país a posicionarse como el tercero en importancia en la América hispana, con algunos índices que estaban por encima, incluso, de Estados Unidos.

Empero, es de hacer notar que Batista continuó e incrementó la galopante corrupción que venía sin freno desde su predecesor, el Presidente Carlos Prío Socarrás, quien se quitó la vida a los 73 años de edad en su exilio de la ciudad de Miami, luego de haber financiado parte de la “revolución cubana”.

A mediados de 1958, el régimen del General Batista se tambaleaba y el dictador convocó a los cubanos a unas “elecciones presidenciales” que se llevaron a cabo el 3 de noviembre de 1958, dos meses antes de la llegada de Castro al poder.

El “candidato de Batista” en aquella farsa electoral, fue el Dr. Andrés Rivero Agüero, quien había sido ministro de agricultura en el primer gobierno del general y su ministro de educación, senador y primer ministro durante la dictadura.

Rivero Agüero perdió las “elecciones” y para desgracia de Cuba, Venezuela y muchos países de América y África: ¡Batista no reconoció la derrota de su pupilo! En consecuencia, la “guerra civil” cubana continuó su curso y dos meses más tarde Rivero Agüero, Batista y sus más allegados colaboradores, abandonaron la isla hacia el eterno exilio.

De haber el entonces-dictador reconocido la derrota de su delfín, a Castro no le hubiera quedado otro remedio que deponer la lucha armada, bajar de la Sierra Maestra y sumarse a la vida política. Tal vez otro gallo nos hubiera cantado: tanto a los cubanos como a los venezolanos.

Apenas subió Castro a la Sierra Maestra, le puso el ojo a la rica Venezuela y a su ubicación geográfica estratégica. El 22 de enero de 1959, a los 14 días de su entrada triunfal en La Habana, Fidel Castro Ruz aterrizó en suelo venezolano.

En sus discursos y entrevistas dejó bien claro cuáles eran sus intenciones para con Venezuela. Un año después la llenó de guerrilleros comunistas.

Con la ayuda de muchas circunstancias, afectos a su “revolución” y traidores políticos venezolanos, Castro logró –para vergüenza del gentilicio venezolano y en su etapa fabianista –, adueñarse de Venezuela sin la necesidad de tener que hacer sonar un solo triki-traki, reafirmando aquella advertencia que lanzara El Libertador Simón Bolívar en su discurso inaugural del Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819:

Por el engaño nos han dominado más que por la fuerza”.

Robert Alonso

Guerrero del mundo, padre de la Guarimba, experto en comunicación social, autor de varios libros como "Memorias de Cienfuegos", "Regresando del Mar de la Felicidad", "Los Generales de Castro", "Como se perdió Venezuela" entre otros. Escapó del Castro-Estalinismo de Cuba para Venezuela, por muchas circunstancias se vio obligado nuevamente a emigrar a Estados Unidos, su actual país de residencia.

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